Aunque existen episodios de alto impacto, amplias regiones de la zona serrana mantienen estabilidad y actividad turística, señala la Iglesia
Chihuahua.- A pesar de los hechos violentos que han marcado a algunas comunidades, la violencia en la Sierra Tarahumara no es un fenómeno extendido en todo el territorio, sino que se presenta de manera focalizada en puntos determinados, aseguró el vicario de la Tarahumara, Héctor Fernando Martínez Espinoza, quien subrayó que existen zonas donde prevalecen la tranquilidad y la convivencia social.
El líder religioso explicó que la región serrana de Chihuahua es amplia y diversa, por lo que no se puede hablar de una sola realidad. “La Sierra Tarahumara son muchas sierras”, dijo al detallar que no es igual la situación que se vive en Guadalupe y Calvo que la de Carichí, Bocoyna, o los barrancos de Batopilas y Chínipas, ya que cada comunidad enfrenta condiciones sociales y de seguridad distintas.
En ese contexto, Martínez Espinoza indicó que si la situación fuera de riesgo generalizado, la reciente temporada vacacional no habría registrado una alta ocupación hotelera, como ocurrió en distintos puntos turísticos de la región. Esto, afirmó, es una muestra de que muchas localidades mantienen condiciones de estabilidad que permiten la llegada de visitantes y el desarrollo de actividades económicas.
El vicario también recordó que el asesinato de los dos sacerdotes jesuitas en la comunidad de Cerocahui fue un hecho trágico que conmocionó al país, pero aclaró que ese acontecimiento no convirtió a toda la sierra en un territorio invivible. En su opinión, es necesario evitar generalizaciones que dañan la imagen y la vida cotidiana de comunidades que no están inmersas en la violencia.
Martínez Espinoza insistió en que la respuesta a la presencia de grupos delictivos debe diseñarse de manera diferenciada, de acuerdo con las particularidades de cada región. Mientras en algunos municipios existe una disputa constante por el control territorial, en otros la delincuencia organizada está más delimitada, lo que requiere estrategias específicas y no soluciones genéricas.
Finalmente, el clérigo señaló que el problema de fondo está relacionado con la pobreza, la marginación y la falta de una respuesta eficaz por parte de las autoridades. En ese sentido, atribuyó una mayor responsabilidad al Gobierno Federal, aunque reconoció que el Gobierno del Estado ha incrementado la presencia de fuerzas de seguridad en ciertas áreas. Sin embargo, advirtió que en municipios como Guachochi, aun con presencia del Ejército, continúan ocurriendo hechos graves sin una intervención oportuna, dejando a la población expuesta a los grupos criminales.

