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Corral, el oportunista de siempre

Corral, el oportunista de siempre

La tragedia ocurrida en la sierra de Chihuahua, donde perdieron la vida funcionarios estadounidenses tras un operativo ligado al combate de narcolaboratorios, destapó algo más que un caso de seguridad: exhibió el nivel de oportunismo político que sigue marcando la agenda. Y ahí apareció Javier Corral Jurado, no para condenar la violencia ni para respaldar el golpe al crimen, sino para subirse —como ya es costumbre— a la ola de ataques contra la gobernadora Maru Campos y el fiscal César Jáuregui.

El fondo del asunto es incómodo para muchos: el desmantelamiento de laboratorios clandestinos en la sierra confirma la presencia de estructuras criminales de alto nivel, y también la cooperación internacional en materia de seguridad. Pero Corral decidió voltear el enfoque. En lugar de cuestionar la operación del narco, centró su discurso en deslegitimar a las autoridades locales, alineándose con la narrativa de sectores de Morena que buscan politizar un tema que debería ser de Estado. Su postura no es nueva: es la misma lógica que utilizó durante su gobierno, donde la confrontación mediática sustituyó a los resultados.

Lo que queda claro es que el exgobernador no ha soltado el micrófono, pero tampoco ha asumido responsabilidades. Chihuahua arrastra problemas estructurales que no nacieron ayer, y muchos de ellos crecieron durante su administración. Hoy, desde la comodidad del discurso, intenta colocarse del lado “correcto”, aunque eso implique minimizar acciones contra el crimen o distorsionar los hechos para mantener vigencia política.

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